Wednesday, March 26, 2014

¿Incitas a tus hijos a pecar?

«¡Ay del mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero ¡ay del que hace pecar a los demás!»
—Mateo 18:7
Hace tiempo un padre me explicó por qué miraba películas con escenas de sexo gráfico junto con su hijo joven. Dijo que sabía que su hijo iba a ver tales películas y suponía que sería mejor estar allí con él para poderle hablar acerca de lo que estaban viendo. Él pensaba que era buen padre. También he conocido a personas que lleven sus hijas al doctor para conseguir una receta para pastillas que previenen la natalidad y después les compran preservativos. Dicen que es muy ingenuo esperar que tus hijas jóvenes no tengan relaciones sexuales, así que les quieren ofrecer la mayor protección posible. Estos padres piensan que son buenos padres.

En realidad, son malos padres. Cuando invitamos a nuestros hijos a ver imágenes pornográficas o a usar preservativos, les estamos comunicando que no tenemos ninguna esperanza de que ellos sigan el camino de Dios y les estamos tentando a pecar. La carta de Santiago 1:13 dice: «Que nadie, al ser tentado, diga: “Es Dios quien me tienta.” Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie.» Satanás nos anima a probar el pecado. Dios nos urge a huir de ello. ¿A quién más parece el padre que invita a su hijo mirar una película con escenas gráficas de sexo?

Jesús, quien era (y es) Dios en la carne, sabía que los seres humanos van a pecar por causa de naturaleza caída. Aun así, tenía una advertencia para todos nosotros: «¡Ay del mundo por las cosas que hacen pecar a la gente! Inevitable es que sucedan, pero ¡ay del que hace pecar a los demás!» Esta advertencia aplica especialmente a nosotros como padres. Somos la influencia más poderosa en la vida de nuestros hijos. Si les incitamos a pecar estamos transgrediendo el llamado alto que Dios nos ha dado.

Por mi parte, mi deseo es enseñar a mis hijos a conocer la Biblia y seguir los caminos de Dios. Sí, ellos van a pecar, y cuando lo hacen quiero recordarles de la gracia, perdón, y justificación que se les ofrece el evangelio. No quiero ser tropiezo para ellos. Ni tampoco quiero incitarles a pecar. Es una cosa advertirles de los peligros del pecado. Es otra cosa mostrarles cómo pueden hacerlo de una manera para minimizar las consecuencias. Ante Dios el pecado es pecado y no podemos minimizar eso. Y eso es lo que importa.

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