Saturday, February 15, 2014

Frodo y la (in)justicia de Dios

En el libro El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo, el protagonista Frodo, al darse cuenta de que su vida está en peligro por causa del malvado Gollum, dice que es una lástima que su tío Bilbo no lo mató a filo de espada cuando tuvo oportunidad. Gandalf, el mago viejo y sabio, le dice que fue por tener lástima de Gollum que su tío no fue corrompido por la influencia mala del anillo. Aun así, Frodo le pregunta por qué no mató a Gollum tiempo después por ser mal criatura porque merecía la muerte. Este es como responde Gandalf: «Muchos que viven merecen la muerte. Y algunos mueren que merecen la vida. ¿Se las puedes dar?»

Frodo es un mero hobbit. No es tan bueno ni sabio ni poderoso para castigar lo malo y vindicar lo bueno. Aquí y en muchos otros lugares el mago sabio insinúa que hay otro poder en el universo que controla los eventos, incluso la compasión de Bilbo y la llegada del anillo a su posesión, y, como consecuencia, a la posesión de Frodo.

De vez en cuando sentimos que el mundo es injusto, que las cosas no pasan como deben. Vemos al justo derribado y el malvado exaltado. Gente buena y admirable sufren duras penas y gente mala sacan beneficio de todas sus actividades.

Job pensaba así. Era justo y nadie le podía acusar dar hacer mal. Cuidaba de su familia, era honesto con sus empleados, y advocaba por las viudas y los huérfanos. Pero un día llegó el desastre. Su propiedad fue robada, sus siervos fueron matados y sus hijos murieron cuando su casa se derribó sobre ellos. Es más, vino sobre el llagas que le molestaban de día y noche. Pensó que Dios le había dado mal por bien. Buscó llevar sus quejas ante Dios para que Dios le rindiera cuentas.

En vez de explicar sus acciones, Dios le devolvió la pregunta: 
«¿Tienes acaso un brazo como el mío? ¿Puede tu voz tronar como la mía? Si es así, cúbrete de gloria y esplendor; revístete de honra y majestad. Da rienda suelta a la furia de tu ira; mira a los orgullosos, y humíllalos; mira a los soberbios, y somételos; aplasta a los malvados donde se hallen. Entiérralos a todos en el polvo; amortaja sus rostros en la fosa.»
Es como si le dijera: «Muchos que viven merecen la muerte. Y algunos mueren que merecen la vida. ¿Se las puedes dar?» A pesar de nuestra inclinación natural, somos los cuales que rinden cuentas a Dios, no él a nosotros. Dios es justo aunque de vez en cuando pensamos que podríamos distribuir la justicia mejor que él. En realidad, no somos nadie para juzgar a Dios por su misericordia o dureza. Él nos ha prometido que es justo y que llevará a cabo la justicia—que el malvado será humillado y el humilde será exaltado. Por su gracia, en vez de humillar a todos los seres humanos, escogió salvar a algunos de ellos y exaltarlos en Cristo Jesús.

Cuando pensamos que la vida (que quiere decir Dios) es injusta hay que recordar que su Palabra nos confirma que el opuesto es la verdad y que él está actuando conforme a su plan. Ningún malvado escapará su justicia y ninguno de los suyos permanecerá sin ser vindicado. Nuestra flaqueza humana necesita someterse a la seguranza de la Palabra de Dios. Sólo hay una persona quien puede darles a vida y la muerte a los que las merecen, y él lo hará. Ojalá que los que merecen la muerte se arrepientan y crean en él para ser incluidos en Cristo Jesús, el único que merece la vida.

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