Wednesday, January 8, 2014

La Muerte de Herodes: La Gloria, Gracia y Gran Ira de Dios



¿Cuándo fue la última vez que alguien murió por aceptar el elogio que sólo Dios merece? Hoy en día no es muy aceptable creer que Dios puede matar a alguien por la blasfemia. Eso es superstición, la gente cree. Aunque puedo afirmar que hay mucha gente supersticiosa y crédula, la creencia de que alguien puede morir por blasfemar a Dios es algo bíblico, y así nos sirve como advertencia en contra de la ligereza con la gloria del Dios que profesamos conocer.

En Hechos 12 se puede encontrar una digresión acerca del rey Herodes. El capítulo empieza con la muerte de Jacobo, el hermano de Juan, en la persecución que lanzó el rey para ganar el favor de los judíos en Jerusalén. Después Pedro es arrestado y encarcelado para recibir la misma sentencia, pero un ángel del Señor lo rescata y sale del vecindario. Entonces aprendemos algo interesante acerca de cómo murió este perseguidor de la iglesia primitiva:

Herodes estaba furioso con los de Tiro y de Sidón, pero ellos se pusieron de acuerdo y se presentaron ante él. Habiéndose ganado el favor de Blasto, camarero del rey, pidieron paz, porque su región dependía del país del rey para obtener sus provisiones. El día señalado, Herodes, ataviado con su ropaje real y sentado en su trono, le dirigió un discurso al pueblo. La gente gritaba: «¡Voz de un dios, no de hombre!» Al instante un ángel del Señor lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios; y Herodes murió comido de gusanos. Pero la palabra de Dios seguía extendiéndose y difundiéndose.
Hechos 12:20-24

¿Coincidencia o algo más? Según el autor de Hechos, no fue nada menos que la santa ira de Dios: «un ángel del Señor lo hirió, porque no le había dado la gloria a Dios…» Nunca podremos sobreestimar la importancia de la gloria de Dios. Tampoco podemos sobreestimar el gran peso de nuestro pecado en contra de Dios. Cuando Herodes atacó a la iglesia, que es la novia de Cristo, y hasta le robó a Dios su gloria, Dios lo mató.

En una coincidencia de la historia (que es en realidad una muestra de la providencia de Dios), el historiador contemporáneo Josefo grabó algo muy similar en cuanto a la muerte de este rey en su libro

«En el día segundo de aquellas fiestas salió de mañana al teatro vestido de una roba de tela de plata de obra maravillosa: la cual como saliese el sol, y le diese, y echase de si un resplandor como divino, ponía en lo que lo miraban un temor reverencial. Y luego los lisonjeros pestilenciales unos de un cabo y otros de otro dando voces, lo saludaban por «Dios», rogándole que les fuese favorable, que hasta entonces no lo habían acatado más que como a hombre, pero que ahora conocían y confesaban haber en él una cierta cosa más excelente que de hombre mortal. Esta tan desacatada lisonja ni él la castigó, ni mandó tampoco que no se la dijesen. Y de allá poco mirando hacia arriba vino sobre su cabeza un búho sentado en una cuerda que estaba tendida: y luego, como sintió que este era mensajero de su desventura, como antes lo había sido de su buena ventura, le dolió en lo más adentro de sus entrañas. Tras de esto le vinieron dolores de vientre, muy grandes luego desde el principio. Vueltos pues a sus amigos los ojos, dijo—He aquí a mí, a quien vosotros habéis llamado «Dios», me mandan que deje la vida, y mi forzosa muerte arguye y prueba vuestra mentira: y yo a quien saludasteis por inmortal, soy arrebatado para la muerte. Mas hayámonos de conformar con la voluntad de Dios, pues que no hemos vivido mal, antes con tanta prosperidad que todos me publican por bienaventurado. Habiendo dicho esto, creciendo el dolor, le atormentaba mucho. Vuelto pues a llevar de priesa a palacio, se esparció un rumor que presto había de morir: por lo cual luego todo el pueblo con mujeres e hijos vestidos de sacos según costumbre de la tierra, suplicaban a Dios por la salud del rey, mezclándolo todo con llantos y gemidos. Y estando el rey acostado en un alto, y viendo los que estaban tendidos en el suelo, sus caras en la tierra, no podía él estar sin llorar. Y después fatigado del dolor que le duró cinco días, arreó sin aflojarle cosa alguna, murió, en el año cincuenta y cuatro de su edad. Reinó siete años…»

¿Eran Lucas y Josefo muy supersticiosos? Quizás. Pero, por mi parte, creo que es más probable que ellos tomaron en serio las palabras de Deuteronomio 4:23-24, «Tengan, pues, cuidado de no olvidar el pacto que el Señor su Dios ha hecho con ustedes. No se fabriquen ídolos de ninguna figura que el Señor su Dios les haya prohibido, porque el Señor su Dios es fuego consumidor y Dios celoso.»

Para nosotros los «supersticiosos», hay algo más aterrador en cuanto a la gloria de Dios. Romanos 3:23 dice que «todos han pecado y están privados de la gloria de Dios». Tal como el rey Herodes, nosotros no le hemos dado gloria a Dios. ¿Qué le impide matar a nosotros también? Si tu respuesta es «Dios no es así» en vez de «solo por la misericordia de Dios», ¡hay que leer la Biblia otra vez! Es por su gracia que no morimos de inmediato al pecar en contra de él. Si nos mata, pues, es Dios—¡puede hacer lo que quiera! Pero si no morimos, es porque Dios nos es misericordioso y nos ofrece lo que sigue en Romanos 3:24, la justificación a través de la muerte de su Hijo en la cruz. Juntos, los dos versículos dicen,

«pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó».

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